sábado, 10 de marzo de 2012

PARA REFLEXIONAR ... O NO

Mi primera experiencia con el mundo del salvamento fue siendo un adolescente, tenia aproximadamente unos 18 años, cuando en compañía de unos amigos vi que había un revuelo de gente en lo alto de una pequeña loma.

Le preguntamos a unos niños que venían de allí y nos dijeron que dos niños se habían caído a un estanque.

Nos acercamos rápido. En el lugar se habían concentrado ya una veintena de personas, mujeres, hombres, niños, todos alrededor de aquellas verdes y turbias aguas. Todos nerviosos, pero TODOS QUIETOS, TODOS MIRANDO.

En el estanque había flotando unos palets de madera que al parecer, según nos dijeron,  dos hermanos de entre 7 y 9 años, habían estado utilizando a modo de barca hasta que se les viraron o perdieron el equilibrio y cayeron al agua.

Aquellas personas, por supuesto adultas, que rodeaban el estanque habían avisado ya a los bomberos y a protección civil, y … estaban esperando a que llegaran.

¿Dos niños pequeños en el fondo de un estanque y la gente esperando a que llegaran los servicios de emergencias?

No lo dudé un segundo, me quité la ropa y me tiré al agua.

Mi buen amigo Juan Carlos Pérez Moreno, había conseguido una cuerda y me la lanzó obligándome a que me la atara a la cintura. El siempre ha sido mas cuerdo que yo.

Dentro de aquel estanque no se veía un pimiento. Todo estaba turbio, revuelto. No podía abrir los ojos. Me sumergía una y otra vez, con miedo, con desesperación, con una angustia que por momentos me atenazaba. Palpaba aquel fondo lleno de lodo una y otra vez, de repente sentí el contacto de algo que me estremeció, lo agarré sin saber lo que era y al llegar a la superficie me di cuenta de que había sacado del agua a un niño, era el niño mas pequeño. Mis amigos se hicieron rápido cargo de él.

Volví a meterme en el agua, con la misma angustia, con la misma desesperación, sube y baja una y otra vez, hasta que por fin palpé algo que claramente distinguí como una pierna. La agarré con todas mis fuerzas y salí con el niño mayor a la superficie.

Ya en tierra yo temblaba, mas que de frio, por la visión de ver aquellos dos cuerpos inertes, pálidos y con sus labios azules. Yo no pude acercarme mas a ellos. Ya habían llegado las ambulancias y los sanitarios trataban de reanimarlos, sin éxito.

Un nuevo escalofrío recorrió mi cuerpo, aquellos dos niños habían muerto, llevaban mas de 30 minutos debajo del agua y nada se pudo hacer por ellos.

Siempre me he preguntado que hubiese pasado si alguna de aquellas muchas personas que rodeaban aquel estanque hubiese actuado antes en vez de quedarse mirando.

Me pregunto por qué los seres humanos somos tan egoístas que permanecemos quietos esperando a que los demás resuelvan los problemas.

Hoy le pregunto a esas tantas miles, millones de personas que permanecen quietas,  a las que siempre tienen una excusa, a las acomodadas, a los conformistas, por cobardía o por miedo, a las egocéntricas, a aquellas que se creen que están a salvo de todo, a aquellos que se ven así mismos superiores a los demás, a los que piensan que las cosas nunca les van a afectar a ellos, a aquellos que sólo miran para su propio ombligo, a los insolidarios, …

 ¿Están ustedes completamente seguros de que cuando necesiten la ayuda de los demás habrá alguien dispuesto a ayudarles?

Respóndanse ustedes mismos.

viernes, 8 de octubre de 2010

Un lugar en el Arco Iris

Dos almas gemelas,
que se unen y se separan,
pero que se atraen de forma irresistible.
Dos seres distintos,
un hombre y una mujer
que se sienten y se aman,
que se complementan
como la luna y el sol,
como el agua y la tierra,
como el aire y la vida.
Dos amantes, una sola vida,
una unión imposible de romper,
ligada con fuego,
un fuego que quema
y que al mismo tiempo reconforta.
Libertad pérdida para siempre,
sin escapatoria,
sin retorno y sin huida.
Pensamientos que fluyen en la distancia,
cuerpos que se separan,
pero que permanecen encadenados,
pues sus corazones se mantienen unidos en la lejanía.
Sueños que se tornan fáciles,
y al mismo tiempo difíciles.
Cuerpos que se emborrachan de amor
y de puros sentimientos,
que hacen grandes las cosas simples, sencillas.
Ruptura no deseada de dos personas que se aman,
que voluntariamente llenan sus vidas del veneno de la separación,
y que sufren con gran dolor.
Muerte lenta,
vida que agoniza día a día,
pues su pasión es indestructible,
impredecible, incontrolable.
Pensamientos que fluyen imposibles de controlar,
pues no hay protección posible,
ni escudo, ni burbuja,
que puedan aislarlos de su realidad.
Amantes que se alejan,
que ya no hablan físicamente de su amor,
que ya no se tocan,
pero que se sienten, se intuyen,
y sufren los mismos sentimientos por separado.
Pero que al mismo tiempo permanecen muy unidos,
encadenados,
porque este amor, imposible de romper, les viene dado,
pues ambos están condenados
a ocupar juntos un lugar en el Arco Iris.

(Manuel Rodríguez Quevedo)

jueves, 19 de agosto de 2010

TRABAJAR EN BANCA NO ES NINGUNA BICOCA

Cada vez son mas los compañeros de profesión que se sienten mas agobiados por su trabajo. Hoy en día trabajar en Banca no es ninguna bicoca. Cierto es que se tiene un sueldo "seguro" para los tiempos que corren, pero la presión que se ejerce sobre estos profesionales ralla ya lo demencial.

Atrás quedaron aquellos tiempos en los que los empleados de este sector ocupaban mono puestos, algunos de ellos muy cómodos y envidiables; el que estaba en ventanilla de caja sólo hacía cobros y pagos, el de cuentas corrientes, sólo aperturas, control de registros de firmas y poco mas, y así sucesivamente.

Ahora todo ha cambiado, pues todos tienen la obligación de vender; todos los empleados que trabajan en oficinas son ahora "gestores comerciales" y han de cumplir una bestialidad de campañas y de objetivos de producción; la especialización ya no existe, el cliente poco importa, aunque las empresas de este sector se empeñen en decir lo contrario, la única consigna es vender, vender y vender. Nadie se puede marchar a su casa sin vender.

La mayor parte de las veces sólo se venden productos que generan comisiones y que hay que meter a los clientes con calzador, es lo que se llama "fidelización", esto ya es un mal endémico de la banca y de las cajas de ahorros en general. Se diga lo que se diga el cliente es sólo un número, tanto dá a la cuenta de resultados, tanto vale.

Las oficinas cuentan cada vez con menos personal. "Es la crisis".

Las jubilaciones, las vacaciones, las bajas por enfermedad no se sustituyen, no se contrata nuevo personal, ni siquiera de E.T.T., lo cual se traduce en un continuo caos organizativo.

Cada vez son mas frecuentes las oficinas de dos empleados, especies de superman, muchas veces sin la preparación o formación adecuada, que tienen que hacer absolutamente de todo y que para poder sacar adelante su trabajo se ven obligados a prolongar su jornada laborar hasta altas horas de la noche. Por supuesto, las horas extras no se les pagan y si tienen algún quebranto lo han de pagar ellos de su propio bolsillo.

En estos sectores de trabajo se ha perdido la calidad de vida, los convenios colectivos se están convirtiendo en una pura anécdota ya que las empresas no los respetan y los empleados, por miedo a perder sus puestos de trabajo, no se dejan respetar.

Tal y como están las cosas, viendo este desolador panorama, si alguién tiene alguna vez la oportunidad de trabajar en un Banco o en una Caja de Ahorros yo le diria que no se lo pensara ni un segundo y se olvidara completamente del tema y, que buscara otras alternativas de trabajo en las que no fuera sólo un simple número, se le apreciara en lo que haga y en el que se pudiera realizar fundamentalmente como persona.

El trabajo dignifica a la persona, nunca al revés.