Mi primera experiencia con el mundo del salvamento fue siendo un adolescente, tenia aproximadamente unos 18 años, cuando en compañía de unos amigos vi que había un revuelo de gente en lo alto de una pequeña loma.
Le preguntamos a unos niños que venían de allí y nos dijeron que dos niños se habían caído a un estanque.
Nos acercamos rápido. En el lugar se habían concentrado ya una veintena de personas, mujeres, hombres, niños, todos alrededor de aquellas verdes y turbias aguas. Todos nerviosos, pero TODOS QUIETOS, TODOS MIRANDO.
En el estanque había flotando unos palets de madera que al parecer, según nos dijeron, dos hermanos de entre 7 y 9 años, habían estado utilizando a modo de barca hasta que se les viraron o perdieron el equilibrio y cayeron al agua.
Aquellas personas, por supuesto adultas, que rodeaban el estanque habían avisado ya a los bomberos y a protección civil, y … estaban esperando a que llegaran.
¿Dos niños pequeños en el fondo de un estanque y la gente esperando a que llegaran los servicios de emergencias?
No lo dudé un segundo, me quité la ropa y me tiré al agua.
Mi buen amigo Juan Carlos Pérez Moreno, había conseguido una cuerda y me la lanzó obligándome a que me la atara a la cintura. El siempre ha sido mas cuerdo que yo.
Dentro de aquel estanque no se veía un pimiento. Todo estaba turbio, revuelto. No podía abrir los ojos. Me sumergía una y otra vez, con miedo, con desesperación, con una angustia que por momentos me atenazaba. Palpaba aquel fondo lleno de lodo una y otra vez, de repente sentí el contacto de algo que me estremeció, lo agarré sin saber lo que era y al llegar a la superficie me di cuenta de que había sacado del agua a un niño, era el niño mas pequeño. Mis amigos se hicieron rápido cargo de él.
Volví a meterme en el agua, con la misma angustia, con la misma desesperación, sube y baja una y otra vez, hasta que por fin palpé algo que claramente distinguí como una pierna. La agarré con todas mis fuerzas y salí con el niño mayor a la superficie.
Ya en tierra yo temblaba, mas que de frio, por la visión de ver aquellos dos cuerpos inertes, pálidos y con sus labios azules. Yo no pude acercarme mas a ellos. Ya habían llegado las ambulancias y los sanitarios trataban de reanimarlos, sin éxito.
Un nuevo escalofrío recorrió mi cuerpo, aquellos dos niños habían muerto, llevaban mas de 30 minutos debajo del agua y nada se pudo hacer por ellos.
Siempre me he preguntado que hubiese pasado si alguna de aquellas muchas personas que rodeaban aquel estanque hubiese actuado antes en vez de quedarse mirando.
Me pregunto por qué los seres humanos somos tan egoístas que permanecemos quietos esperando a que los demás resuelvan los problemas.
Hoy le pregunto a esas tantas miles, millones de personas que permanecen quietas, a las que siempre tienen una excusa, a las acomodadas, a los conformistas, por cobardía o por miedo, a las egocéntricas, a aquellas que se creen que están a salvo de todo, a aquellos que se ven así mismos superiores a los demás, a los que piensan que las cosas nunca les van a afectar a ellos, a aquellos que sólo miran para su propio ombligo, a los insolidarios, …
¿Están ustedes completamente seguros de que cuando necesiten la ayuda de los demás habrá alguien dispuesto a ayudarles?
Respóndanse ustedes mismos.
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